jueves, 8 de mayo de 2014

BUROCRACIA TERCERMUNDISTA -Meliton Bruque Garcia-


Esta mañana es noticia en todos los medios de comunicación el desahogo de nuestros representantes en Europa que se han sincerado manifestando sus grandes “devociones” y nos  igualan, con más o menos fuerza, y les dan el mismo “peso” en sus vidas: al  Che Guevara-Jesucristo-Felipe González. Lo menos que se me ocurre pensar es si se habrán leído, como mínimo, la historia de cada uno.

            Con esta confesión y con otras que vienen manifestando espontáneamente estos días, ya nos tienen al tanto de la calidad de personas y de las miras sociales que se tienen y, por supuesto, los grandes ideales con los que se presentan y quieren representar al  pueblo español en Europa.

            ¡Qué pena, Dios mío! ¡¡Que hayamos llegado tan bajo!!  ¡Y que no tengamos capacidad para poner a la cabeza de un pueblo para que lo dirija, a gente con dignidad, con ideas, con valores morales, humanos, con ética, …!  ¡Y que la gente se emocione y aúpe a personas cuya única idea es sostener que la libertad de la mujer está en poder abortar y hacer con su cuerpo lo que quiera; que sus grandes ideales sean quitar la moral y los valores humanos y espirituales de la educación; que su único objetivo sea barrer a la iglesia del escenario social y aniquilar a la “derecha”...!

¿Se puede sostener a un personaje que aspira a ser el representante de un país con estos ideales y con estas propuestas?

¿A dónde pensamos que se puede llegar así?

¿Qué es lo que quieren hacer de España?

La respuesta la estoy viendo sobre el terreno: Acabo de volver de la Delegación de Hacienda, pues me llaman la atención porque he dejado de pagar una deuda que no era mía, sino del constructor que cometió un fraude y Hacienda le embargó su deuda…. Entonces, yo he venido pagando a Hacienda hasta saldar la deuda que tenía con este señor, cosa que ya concluí hace unos meses; pero esos “empleados”, en lugar de mirar y ver cómo están los pagos, me reclaman que no siga pagando, entonces vuelvo a aclararles cómo está la situación y me encuentro con este panorama

He llegado a la Delegación, estaban todas las mesas vacías, las mujeres que había en cada una de ellas estaban charlando todas  amigablemente. Eran las 9´45 de la mañana; NO HABÍA NADIE.

El empleado que me ha atendido me dice que si no tengo cita previa no me pueden atender y me da un papel, incluso con mal talante, donde se indica una dirección electrónica donde debo hacer las preguntas que tenga, para que desde ahí me digan lo que tengo que hacer…y me ha mandado con viento fresco.

Todos parados, pero “no me pueden atender porque no tengo cita previa”.

¡¡Sí señor!!

Y dan por supuesto que yo debo tener internet, teléfono y no sé cuántas cosas más… O sea, que si no tengo nada de esto, no soy ni persona. No puedo evitar el que me aborden un montón de preguntas: señores/as, institución, entonces…

¿Qué hacen ustedes ahí si derivan la resolución de los problemas a otro sitio vía internet?

¿Para qué les pagamos, para que me den un papel con una dirección?

¿Quién es el que les paga, a ustedes, a quién sirven ustedes?

¿A esto le llaman orden, efectividad, progreso, resolución, trabajo ordenado y efectivo…?

¿Esta es la nueva sociedad que queremos imponer, en la que vuelvan loca a una persona que quiere pagar el recibo del agua o de la luz?

Esta forma de hacer y de organizar las cosas, este montaje burocrático, tengo un referente: el tercer mundo, donde vas a una tienda a comprar un lápiz y el primer paso que has de dar es  pasar por una ventanilla donde tienes que pagar, eso es lo primero; ahí te dan un tique que tienes que entregar en otra ventanilla, desde la que dan la orden a otra que, a su vez, ordena al empleado que va a buscar el lápiz. Cuando lo ha cogido de su sitio, tiene que hacer de nuevo el recorrido al contrario hasta llegar al cliente.

Este mismo esquema se repite en toda la estructura social y, cuando llega a las altas instancias, el recorrido de ventanilla en ventanilla es el mismo, pero con la diferencia de que ahí, como es ya el gobierno, y nadie sabe de quién es nada, las cosas  solo caminan a base de dinero; es ya la corrupción maquillada a base de “compadreo” legal, de forma que quien “tiene padrino se bautiza” –como se suele decir-

Este mismo sistema lo estamos viendo cómo se introduce  entre nosotros cada  vez con más fuerza y claridad; si lo queremos observar, no hay más que darse una vuelta por los centros hospitalarios donde, si quieres que te atiendan, has de entrar por la puerta trasera, a base de pedir favores, de lo contrario, te pueden enviar a la cola  que está a cinco meses de distancia… y lo más triste es que, cada vez lo estamos viendo esto con más naturalidad, de la misma forma que estamos viendo cómo la corrupción está instituida en la cabeza y, como eso se da por supuesto, a medida que va bajando a los pies, cada uno intenta salvar su pellejo como puede y evade impuestos y hace trampas… con lo que aquella mentalidad que se ha venido creando con tanto esfuerzo, de que todos somos responsables de mantener una sociedad, en la que todos debemos ser solidarios para poder mantener unos servicios comunes que nos posibiliten vivir con dignidad, eso se perdió ya hace tiempo y vemos cómo los dirigentes se la han cargado a base de estas formas de robar y salir impunes, sin devolver nadie un céntimo y haciendo que la justicia se ponga del lado del ladrón… todo esto va minando la estructura y hace que “los pies”, no se fíen ya el uno del otro y ni siquiera del zapato que llevan puesto y tengan que poner 5 ventanillas para que un lápiz llegue al cliente, pues de lo contrario, se pierde, no ya en el camino, sino en el mismo puesto donde reposa en la estantería.

Lo que acabo de vivir y experimentar esta mañana solamente lo he visto muchas veces en Ecuador, en Perú, en  el Congo… aquí, solo falta un pequeño detalle para colocarnos a la misma altura: el coger un billete, meterlo debajo de los papeles y toda la máquina empieza a funcionar.

No han de pasar muchos meses para que esto llegue a verse como algo normal. ¡Ah! lo siguiente que no creo tarde mucho tiempo en llegar, es que cada pequeño comerciante que tenga su negocio, entre los sueldos que tenga que pagar, sea el de  un vigilante jurado, armado en la puerta de su negocio.

¿Qué exagero? Es cuestión de preguntar a alguno de los vecinos de la calle  Pintor Rosales o la Avenida de Andalucía a ver qué opina de lo que se está encontrando   estos días cuando se levanta y ve todos los coches hechos polvo sin la más mínima garantía de ser atendido y protegido.

miércoles, 16 de abril de 2014

CONFESAR A CRISTO RESUCITADO

Uno de los grandes problemas que tuvo Jesús para poder hacerse entender fue el que la gente superara la dicotomía que había en sus vidas: Dios-Ley escrita y vida, de forma que entre lo que se siente, se piensa y se vive y lo que luego se practica, no hay conexión alguna.

Cristo viene a integrar al hombre, a estructurarle una coherencia vital, de tal forma que lo que aparece en el exterior es un fiel reflejo del interior que vive en él y, ese interior es una realidad completamente nueva, vivificada por el Espíritu Santo que nos hace llamar y sentir a Dios Padre, por lo tanto nos impulsa a vivir como hijos de Dios.

Esta es la gran realidad de la RESURRECCIÓN que celebramos: somos “hombres nuevos” porque el hombre viejo fue clavado en la cruz con Jesucristo y resucitó el hombre nuevo.

Esto ha ocurrido ya en nosotros con nuestro bautismo, donde fue enterrado el hombre viejo y ha resucitado el hombre nuevo, insertado en la muerte y en la resurrección de Jesús. Esta nueva realidad nos lleva a vivir de una forma completamente nueva, con un sentido completamente nuevo y distinto, con una coherencia total entre lo que sentimos, pensamos, hablamos y vivimos.

Pero tristemente la dicotomía sigue en pie y para muchos cristianos es preferible el antiguo régimen de vivir por un lado su relación con Dios y el mundo espiritual y por otro vivir el mundo espiritual como dos realidades inconexas.

Bástenos el ejemplo que tenemos a diario cuando escuchamos hablar de la necesidad que tiene un cristiano de practicar las obras de misericordia: dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, hospedar al que no tiene casa, visitar al enfermo y al que está en la cárcel… automáticamente hay gente que a la iglesia viene a rezar y no a escuchar discursos políticos y es que no hemos entendido en absoluto el mensaje de Jesús que nos deja UN SOLO MANDAMIENTO:  EL AMOR y que el único signo que nos va a distinguir como seguidores suyos es cuando este AMOR lo llevamos a la práctica y lo realizamos con nuestros semejantes.

Pues no sé qué ha pasado que hemos desencarnado el seguimiento de Jesús y lo hemos confundido con una doctrina que se queda solo en la teoría para ser aprendida de memoria y una práctica que se confunde con el no creyente. Esta realidad viene causando  unas gran división dentro de las filas de los creyentes, de manera que  podemos encontrar católicos en los partidos políticos que distinguen entre lo que es ser creyente y lo que es ser político y así los vemos apoyando leyes y tendencias que van en contra de todos los principios naturales, espirituales y cristianos y por otro lado se confiesan creyentes y practicantes. Lógicamente el testimonio que damos como cristianos que creemos en la resurrección, más que testimonio es un espectáculo bochornoso.

Jesús dejó bien claro su mensaje: “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis como yo os he amado… y en esto conocerán que sois de los míos: en que os amáis los unos a los otros”: el amor a Dios y el amor al prójimo son como las dos piernas que sostienen al cristiano, si le falta una andará cojo. Nadie puede decir que una persona con una sola pierna está perfecta. Por tanto, ser cristiano y vivir en cristiano es tener las dos piernas fuertes; ser testigos de Cristo Resucitado es vivir con todo el cuerpo en armonía con Jesús.

No puede haber contraposición entre “doctrina” y “práctica”, es más, no se entiende la una sin la otra y ambas se necesitan.

Cuando esto no se tiene claro, es muy fácil caer en lo mismo que el Papa Francisco denuncia: “Nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera”. (E.G. 54).

Ya advertía también de este peligro el Papa Benedicto XVI  en “Caritas in Veritate” “Si la justicia está separada de la teología, la caridad se “malinterpreta y se vacía de significado”.

El Papa Francisco lo deja bien claro  en E.G nº 3 “Sólo en la verdad resplandece la caridad” pues la verdad es lo que le da el sentido y el valor a la caridad; es decir: no pueden estar encontradas la razón y la fe; el hombre no puede vivir haciendo lo contrario de lo que piensa y siente.

El gran problema que ha venido dándose a través de todos los siglos ha sido siempre el mismo: separa fe y vida como dos cosas que no tienen que ver la una con la otra; problema que ya el mismo S. Juan deja bien claro: “La religión pura es esto, interesarse por la viuda y el huérfano en dificultad, y mantenernos inmaculados del mundo”. (Jn 1, 27) 

Y después Santiago lo ratifica. “La fe, si no tiene obras, está muerta… ¿Quieres enterarte, insensato, de que la fe sin las obras es inútil?   (Stgo.  2,17)




 




 

jueves, 10 de abril de 2014

LA ESCUELA DE LA VIDA


         Ocurre con mucha frecuencia, cuando nos encontramos un grupo de gente mayor, que alguien salta a la escena recordando tiempos pasados y, automáticamente, todos se enganchan en la propuesta contando lo que se hacía en otros tiempos y que ahora resulta imposible; ahora todos añoran muchas cosas de las que se perdieron y ven que hemos renunciado a algo importante, sin poner otra cosa mejor en su puesto,  y lo que está resultando de este cambio, es tristeza y desánimo, pues no le llena a nadie y estamos viendo que lo que perdimos ya no volverá, por ejemplo: aquellos momentos en que en torno al fuego se contaban cuentos e historias de lobos o de bandoleros que se habían echado al monte… o en otros tiempos más cercanos, cuando era considerado una falta de educación levantarse de la mesa antes de que lo hicieran todos y en torno a la mesa se charlaba de todo y en la sobremesa se comentaban todos los problemas; o cuando los vecinos se sentaban a la puerta de la casa y se pasaban largas horas charlando, contando chistes, narrando hazañas realizadas por alguno de los antiguos vecinos que todos recordaban y que iban quedando en el recuerdo de todos hasta convertirse en leyendas; compartiendo todo lo que se vivía… de tal forma que se sentía el calor de la vecindad hecha familia.

         Todos concuerdan en que aquel ambiente nos hacía sentirnos más humanos, más cercanos, más solidarios y, sobre todo, menos solitarios… y mucha gente dice: “Ahora que lo tenemos todo, nos sentimos más solos, más tristes, menos felices, pues no podemos fiarnos unos de otros…”

         Y uno se pregunta: ¿Se puede considerar progreso a algo que nos lleva a aislarnos, a considerar a los demás como extraños y hasta como enemigos de los que no nos podemos fiar y tienes que guardarte; a sentirnos solos, insatisfechos e infelices?

 

        Yo no puedo dejar de recordar mi infancia en aquella aldea de Aulabar, es más, cuando observo la infancia de los niños actuales, siento lástima, pues les han robado la infancia.

         No ha quedado en mi mente marcado el dolor, el sufrimiento, las grandes carencias que tuve de alimentos, de cariño, de afecto familiar, de juguetes, de caprichos… Nunca se me ocurrió pensar en estas cosas, ni atormentarme por ellas, pues sabía perfectamente que no las iba a poder tener; pero en cambio siento mi infancia llena de luz y de libertad, tan libre como un pájaro, como una ardilla o como alguno de los animales con los que me crié.

         Recuerdo entrañablemente las tardes de verano, debajo del parral de Luis, o de Antonio, donde mayores, jóvenes y niños aguantábamos el grueso del calor de la tarde, hasta que refrescaba un poco y cada uno retomaba el trabajo, mientras tanto, allí en la calle, unos dormitaban, otros hablaban y allí  compartíamos todo.

En  las noches de invierno, junto al fuego, donde hombres, mujeres, pastores, muleros, ancianos, niños… cada uno haciendo sus cosas: pleita con el esparto para las espuertas, sogas para las necesidades de la casa, o los aperos de las yuntas; las mujeres hilaban la lana o la tejían, otros  desgranaban maíz para los animales… eran verdaderos talleres en  los que aprendías de todo lo que necesitabas para la vida, que después lo llevabas a la práctica sembrando, cultivando, cuidando… y después cosechando.

         Después, la vida transcurría en contacto íntimo con la naturaleza viviendo como ensamblado en ella de tal forma que eras parte del sistema y esta forma de vida te proporcionaba un conocimiento espectacular de la naturaleza, del entorno… que te hacía conocer todo tipo de plantas, su hábitat, su cultivo, sus funciones: recuerdo que en mi niñez yo iba a labrar con los hombres mayores y conocía perfectamente todas las plantas, distinguiendo dentro de un sembrado de trigo, todo lo que era hierba que lo podía perjudicar, como la cebada, la avena, la grama, el centeno, el ballico… que eran hierbas muy parecidas al trigo y cuando labrabas había que arrancarlas junto con otras que atacaban el sembrado; eso lo hacen hoy con los herbicidas. 

La  misma cosa ocurría con la fauna: se adquiría un perfecto conocimiento de todos los animales de la zona, sus características y sus hábitats.

         Recuerdo que en mi niñez yo llegué a tener 170 palomas y las conocía a cada una por su nombre; tenía pájaros de diferentes especies y conocía dónde tenían sus nidos, dónde se escondían los zorros de la zona, dónde tenían sus madrigueras los conejos, y conocía el sistema de vida de cada especie… ¡y todo esto sin ir a la escuela!. Había una simbiosis perfecta con la naturaleza. Jamás conocí un fuego en el campo durante mi niñez y tenía perfecto conocimiento de cómo evitarlo y sabía perfectamente el beneficio que hacían al entorno cada uno de los animales que existían.

         Yo nunca tuve juguetes, pero me sentía feliz con los que yo mismo me hacía pues disfrutaba echando a volar mi imaginación  haciéndome mis propios juguetes tallando la madera, utilizando la concha de los pinos,  dándoles formas a las piñas o con la cascara de la naranja que excepcionalmente me echaban los reyes cada año, junto con un mantecado de los que tenía colgados en un clavo del techo mi abuela, en un canasto de mimbre que aprendí a tejer; hacía figuras de animales, de hombres y de lo que necesitaba para mis juegos con espigas de “amor del hortelano” (una hierba cuyas espigas se adhieren a la ropa y entre ellas).

         Recuerdo que aprendí a tejer el esparto y solía hacerme calzado de esparto que le llamaban “ovías” y para utilizar el esparto tejido me hacía  con un trozo de palo una aguja para coser las cuerdas.

         Conocía la floración de todas las plantas y las distinguía por la flor o por la corteza de sus troncos. Y sabía perfectamente lo que la naturaleza produce en cada época del año, cuándo había que sembrarlo; todo lo que era comestible y también lo que es  peligroso para la salud.

         Cuando llegaba el mes de Diciembre, era el tiempo de las matanzas de los cerdos y esto era un acontecimiento único en la aldea cada año: en cada matanza se juntaba toda la familia; el primer día se hacía una gran olla de cocido con todo tipo de carne de las distintas partes del cerdo, de la que comíamos toda la familia, y se compartía con los vecinos; a partir de ahí, durante  dos o tres días se convivía comiendo juntos y  bebiendo el vino hecho en casa, haciendo los embutidos distintos: chorizo, morcilla de varios tipos, salchichón, butifarra, queso de cerdo, sobrasada, salar los jamones, sacar la manteca, que después serviría para hacer los dulces y también para suavizar pieles… aprendíamos a hacer todas estas cosas y conocíamos los aliños que llevaba cada cosa, ahí se iban clasificando incluso los gustos. Este ritual era compartido con todos los vecinos.

         Los niños esperábamos el desposte del cerdo para coger la vejiga con la que nos hacíamos una pelota para jugar, inflándola y recubriéndola de trapos; cuando se nos rompía, la utilizábamos para hacer una zambomba que luego nos serviría como instrumento para cantar los villancicos en la navidad.

         La “matanza” del cerdo era la base de la alimentación del año, `pues de él se hacían diferentes embutidos, se salaban las distintas partes condimentadas con distintos sabores: jamones, tocinos, panceta, mantecas, lomos…; otras partes se utilizaban para los chorizos, el salchichón, las morcillas… todo esto se conservaba y servía de remanente base para acompañar a todo lo que después se venía cultivando durante todo el año, de tal forma que, el dinero se usaba solamente para comprar lo indispensable.

Pero todo esto que suponía el sistema de vida de la comunidad, era algo que los niños conocíamos de primera mano y aprendíamos como algo completamente natural, de forma que si en un momento determinado se nos pedía que lo hiciéramos, teníamos un conocimiento perfecto y sin dudar lo hubiéramos hecho.

         Cada cosa de éstas que voy enumerando, no se realizaba de forma individual y en solitario, sino que era el resultado de una vivencia comunitaria que, al mismo tiempo que se convertía en escuela de aprendizaje para los niños, iba afianzando lazos de unidad, amistad, solidaridad y cariño entre los vecinos y la familia.

         Aprendíamos a la perfección cuándo había que sembrar los distintos productos que teníamos que utilizar en la vida: trigo, cebada, garbanzos, lentejas, habichuelas, habas, guisantes, yeros, centeno, patatas, cebollas, ajos, remolacha, hortalizas… aún conservo en el recuerdo el gusto natural de cada cosa de las que he enumerado.

         Cuando llegaba la época de la recolección, sabíamos perfectamente cuándo estaban maduros los frutos y cuándo era el tiempo de recogerlos y cómo hacerlo: en el verano,  las eras se llenaban de cereales hacinados esperando su turno para la trilla y luego,  esperando que el aire entrara en la era en su momento y, con la fuerza necesaria para aventar y separar la paja del grano; teníamos un conocimiento perfecto de todos los utensilios que se empleaban para todos estos quehaceres y hasta las medidas utilizadas: cuartillos, celemines, cuartillas, fanegas… Recuerdo que cuando entró en la aldea una máquina de aventar, aquello fue un gran acontecimiento a pesar de que había que hacer girar a mano la polea que aventaba

Eran los meses de verano una época con un sabor especial y un esquema de vida mucho más abierto y externo que, incluso, había mucha gente que dormía en la parva que se estaba trillando, o en el “pez” (montón) de trigo que se estaba aventando, evitando así que en la noche llegara algún animal escapado y se comiera el trigo, más no por el miedo a que se lo robaran, esto raramente ocurría, pues cada vecino se convertía en cuidador de los bienes de los otros.

De la misma manera, los meses de invierno eran más sombríos por el frío, la nieve y la lluvia… en esos meses no solo cambiaba el ciclo de la naturaleza, sino que surgía otra forma de vida, con otros productos, otros cultivos y la maduración de otros frutos que resultaban de un sabor maravilloso en esta época: tengo vivo el recuerdo de los granados o de los caquis completamente pelados y  atiborrados de fruta madurada en el árbol y con su tiempo propicio, con un sabor único.

De la misma manera recuerdo los últimos tomates verdes que se recogían para atarlos en racimos y colgarlos en las vigas del techo para que maduraran a la sombra, lo mismo que los membrillos, los melones, las uvas, las serbas o los pimientos que se colgaban en sartales para secarlos y hacer con ellos el pimentón de la matanza o el de los potajes.

De la misma manera los higos que se secaban en paseros, junto con tomates, berenjenas o pimientos asados que después se utilizaban en invierno; era la forma de guardar alimentos para que se pudieran utilizar  cuando no había, pues cada época tenía sus productos y la forma de guardarlos era así o sumergidos en aceite o enterrados en sal

         Esos meses últimos del otoño y los primeros del invierno arando los campos y sembrando los cereales, esperando que la lluvia  empapara los campos para que germinaran las semillas sembradas y, después de las jornadas de trabajo o en los días de lluvia que impedían hacer otras cosas en el campo, ir a buscar, en lugares que ya conocíamos, las collejas, los cardillos, las setas de cardo cuca o las trufas, que llamábamos “masacucas”…

Todo esto lo guardo en mi mente de niño de 6 o 7 años, cuando yo no conocía ni un lápiz, menos aún un bolígrafo y no tenía idea de lo que era una escuela y ni se me podía pasar por la cabeza que pudiera existir un ordenador, ¡Cuánto menos todo lo que hoy tenemos!.

Pero cuando veo hoy a un niño obsesionado con el móvil y con  los aparatos que lo rodean, siento lástima, porque se está perdiendo la belleza de la vida. Estoy seguro que de todo esto que estoy hablando, de lo que a la edad de cinco años tenía perfecto conocimiento y es lo que ha supuesto la base para mi vida, me pregunto: ¿De qué podrá hablar un niño cuando llegue a la edad adulta? , ¿Qué medios tendrá para hacerle frente a la vida?
 
Después, cuando ya he sido adulto, lo que he utilizado para defenderme, lo que me ha servido para vivir y tener autonomía, no ha sido lo que me enseñó la escuela, sino la vida, y esto lo aprendí en el espacio de mis cinco primeros años de vida; la escuela me dio un instrumento muy importante que fue el aprender a leer y escribir, que son dos instrumentos para poder relacionarte, la universidad me dio conocimientos universales, algo así como si fueran los cuadros con los que adornas una casa, pero éstos no sirven para nada si es que no tienes dónde colgarlos.

 

jueves, 20 de marzo de 2014

"EL MAESTRO"

Ayer fue mi hijo al médico y hoy he tenido que hacerle un justificante para que lo llevara al colegio  y se lo entregara a su MAESTRO, justificando su falta de asistencia, pues es bueno que dé razón de su ausencia de clase.

            M e he sentado y  he redactado con toda corrección y respeto la justificación, hablándole de usted cuando me he dirigido  a él y, lógicamente he iniciado el escrito con un “Estimado Sr. Profesor”, tal como me enseñó mi padre y el mismo MAESTRO que yo tuve nos enseñó, pues antes nos enseñaban hasta cómo comenzar a escribir una carta.

            Mientras estaba escribiendo, mi hijo estaba leyendo por encima de mi hombro y notaba que se reía de algunas expresiones que ya escribía y medio molesto  iba diciendo

-“¡¡Ya está bien papáaaa!! ¡¡joh, tio!! Se trata de un simple justificante para el “profe” y tú parece que le estuvieras escribiendo al presidente del  gobierno. ¡Qué exagerado!

            Me he quedado mirándolo con mucha paz y  he querido aprovechar la oportunidad de su evidente falta de valoración de sus maestros para dejarle claro algo que yo siento profundamente y que creo que deberíamos tener todos los padres muy claro:

-Verás hijo mío: quiero que sepas una cosa que es muy importante y para mi es de lo más grande que existe: un MAESTRO, es una de las personas más grandes de este mundo; yo diría que es la  persona que más deberíamos respetar y  cuidar; fíjate que para mí, lo más grande que tengo en la vida son mis hijos; tú eres lo que yo más quiero y, por nada del mundo te dejaría en manos de cualquiera para que te oriente en la vida, te enseñe a ser un hombre de bien, te ayude al conocimiento de la ciencia y de la vida… para mí, el MAESTRO es mi hombre de confianza, con él pasas la mayor parte de tu tiempo  y de él va a depender en gran parte tu futuro, que seas una persona interesante, respetable, educada, bien formada útil para la sociedad….

El MAESTRO es el formador de los presidentes de los gobiernos, el que prepara para cualquier profesión, él pone las bases y enrumba a los hombres y mujeres por los caminos de grandeza de la vida… del trabajo de un MAESTRO dependemos todas las personas que nos encontramos a diario en todas partes, las que nos sirven en los servicios públicos, las que nos atienden en los hospitales… en todas partes. El MAESTRO es el que organiza  la capacidad en nuestra alma para pensar y ser gente de bien, el que ayuda y se solidariza con las grandes causas de la humanidad. 

Presidente puede ser cualquiera, como estarás viendo. Basta que coja un buen enchufe en un partido político  y tenga la suficiente cara dura para mentir y burlarse del pueblo.  Pero un MAESTRO no funciona así; por eso, MAESTRO  solo pueden serlo unos pocos; eso solo alcanzan a serlo unos cuantos hombres y mujeres que son capaces de llevar una vida de amor, entrega y esfuerzo; que entienden que SERVIR es el acto más grande y honroso de una persona; que entienden que la grandeza de una persona no está en “Tener” muchas cosas o riquezas, sino en “SER” portador de grandes valores humanos, sociales, éticos, morales, espirituales, y convertirse en constructor y testigo de ellos en sus alumnos, a quienes considera parte de su vida.

Por eso, para un padre que ama a su hijos, como yo te amo a ti, lo más grande que existe en el mundo es el MAESTRO, en cuyas manos dejo el bien más preciado que tengo:  MIS HIJOS.

Ni equivocándome, se me ocurriría comparar un MAESGTRO con un presidente de gobierno, ni de cualquier otra cosa; ni con cualquier otro personaje por muy grande que sea. NI volviéndome loco te pondría en manos del presidente del gobierno para que te eduque y menos aún en las de cualquier político.

Quería que sepas esto y que entiendas por qué me dirijo, a ese que tú consideras un simple “profe”,  con el respeto que me merece, para que tú hagas lo mismo.

Si este justificante fuera para un presidente de gobierno, posiblemente ni se lo hubiera escrito, porque a un presidente de gobierno, a cualquier presidente de cualquier gobierno, le importa un bledo tu educación, tu vida, tu futuro, tu persona, tu felicidad... Para él no eres más que un voto y, si no se lo das, te desprecia.

            Mi hijo me ha escuchado con un silencio que me ha impresionado, pues pienso que jamás él había pensado que yo sentía esto hacia el MAESTRO a quien lo he confiado. Cuando he terminado de hablar, me ha mirado sonriendo  y me ha contestado: “tienes razón, papá”
de hablar, me ha mirado sonriendo  y me ha contestado: “tienes razón, papá”

sábado, 1 de marzo de 2014

Discurso de Mujica en la ONU: texto completo


El presidente de Uruguay nos ofrece una reflexión de mucha actualidad  que nos puede ayudar a meditar en esta cuaresma y dar un giro a nuestra manera de pensar y de plantearnos la vida

 

Señor Presidente,

Soy del SUR, vengo del SUR. Esquina del Atlántico y el Plata. Mi país es una penillanura suave, templada y pecuaria. Su historia es de puertos, cueros, tasajo, lanas y carne. Tuvo décadas púrpuras de lanzas y caballos hasta que por fin, al arrancar el siglo 20 se puso a ser vanguardia en lo social, en el Estado y la enseñanza. Diría: la social democracia se inventó en el Uruguay. Por casi 50 años el Mundo nos vio como una Suiza, en realidad fuimos hijuelos bastardos del Imperio Británico, y cuando éste sucumbió "vivimos" las mieles amargas de términos de intercambio funestos y quedamos estancados añorando el pasado.

Pasamos 50 años recordando Maracaná casi sin crecer. Hoy hemos resurgido en este Mundo Globalizado, aprendiendo de nuestro dolor. Mi historia personal: la de un muchacho que como otros quiso cambiar su época y su Mundo tras el sueño de una sociedad Libertaria y sin clases. Mis errores: son hijos de mi tiempo, los asumo pero hay veces que me grito:¡¡¡Quién tuviera la fuerza de cuando abrevábamos tanta Utopía!!!!

Sin embargo, no miro hacia atrás, porque el hoy real nació en las cenizas fértiles del ayer. Por el contrario, no vivo para cobrar cuentas o reverberar recuerdos, me angustia el porvenir que no veré y por el que me comprometo. Es posible un Mundo con una humanidad mejor, pero tal vez hoy la primera tarea sea salvar la vida.

Pero soy del SUR y vengo del SUR a esta asamblea. Cargo con los millones de compatriotas pobres en las ciudades, páramos, selvas, pampas y socavones de la América Latina, patria común que está haciéndose cargo con las culturas originarias aplastadas, con los restos del colonialismo en Malvinas, con los bloqueos inútiles y tristes a Cuba, con la vigilancia electrónica hija de las desconfianzas que nos envenenan, a países como Brasil. Cargo con una gigantesca deuda social, con la necesidad de defender la Amazonia, los mares, nuestros grandes ríos. Cargo con el deber de luchar por la Patria para todos y para que Colombia pueda encontrar la paz, y cargo con el deber de luchar por la tolerancia para quienes son distintos y con el deber de respetar y nunca intervenir contra la voluntad de las partes.

El combate a la economía sucia, al narcotráfico, a la estafa y el fraude, a la corrupción, plagas contemporáneas prohijadas por el antivalor, ese que sostiene que somos más felices si nos enriquecemos como sea.

Hemos sacrificado los viejos dioses inmateriales, y ocupamos el templo con el Dios Mercado. Él nos organiza la economía, la Política, los hábitos, la vida y hasta nos financia en cuotas y tarjetas, la apariencia de felicidad. Parecería que hemos nacido sólo para consumir y consumir y cuando no podemos más, cargamos con la frustración, la pobreza y la autoexclusión.

Lo cierto hoy, que para gastar y enterrar detritos, la llamada huella de carbono por la ciencia, dice que si la humanidad total aspira a vivir como un norteamericano medio, serían necesarios tres Planetas. Es decir: nuestra civilización montó un desafío mentiroso y así como vamos, no es posible para todos colmar este "sentido de la vida" que en los hechos masifica como cultura nuestra época dirigida por la acumulación y el Mercado.

Prometemos una vida de derroche y despilfarro, que constituye una cuenta regresiva contra la naturaleza, y contra la humanidad como futuro. Civilización contra la sencillez, contra la sobriedad, contra todos los ciclos naturales, pero lo peor, civilización contra la libertad que supone tiempo para vivir las relaciones humanas: amor, amistad, aventura, solidaridad, familia.

Civilización contra el tiempo libre que no paga y puede gozar escudriñando la naturaleza. Arrasamos las selvas verdaderas, e implantamos selvas anónimas de cemento. Enfrentamos al sedentarismo con caminadores, al insomnio con pastillas, a la soledad con electrónica.... ¿Es que somos felices alejados de lo eterno humano? Aturdidos, huimos de nuestra Biología que defiende la vida por la vida misma, como causa superior y la suplantamos por el consumismo funcional a la acumulación. La política, eterna madre del acontecer humano, quedó engrillada a la economía y al Mercado.

De salto en salto, la política no puede más que perpetuarse y, como tal, delegó el poder y se entretiene aturdida luchando por el Gobierno. Desbocada marcha la Historieta Humana, comprando y vendiendo todo e innovando para poder negociar de algún modo lo innegociable. Hay marketing para los cementerios y el servicio fúnebre, para las maternidades, para padres, madres, abuelos y tíos, pasando por las secretarias, los autos y las vacaciones. Todo, todo es negocio. Todavía, las campañas de marketing caen deliberadamente sobre los niños y su sicología para influir sobre los mayores y tener un territorio asegurado hacia el futuro. Sobran pruebas de estas tecnologías abominables que inducen a veces a frustraciones.

El hombrecito de nuestro tiempo deambula entre financieras y el tedio rutinario de las oficinas atemperadas con aire acondicionado. Siempre sueña con las vacaciones y la libertad. Siempre sueña con concluir las cuentas, hasta que un día, el corazón se para y adiós...

Habrá otro soldado cubriendo las fauces del Mercado asegurando la acumulación. Es que la crisis es la impotencia de la política, incapaz de entender que la humanidad no se escapa ni se escapará del Sentimiento de Nación, porque casi está en nuestro Código, pero hoy es tiempo dé batallar para preparar un Mundo sin fronteras.

La economía globalizada no tiene otra conducción que el interés privado de muy pocos y cada Estado Nacional mira su estabilidad continuista y hoy, la gran tarea para nuestros pueblos es el Todo. Como  si esto fuera poco, EL Capitalismo  Productivo está preso en la caja de los bancos y estos, son la cúspide del poder Mundial.       .

Más claro: el Mundo requiere a gritos reglas globales que respeten los logros de las Ciencias que abundan pero no gobiernan para el bien.

Se precisa hoy definir las horas de trabajo, la posible convergencia de las monedas, cómo se financia la lucha global por agua y contra la desertificación, cómo y qué se recicla y cómo se presiona contra el calentamiento del Mundo. Cuáles son los límites a cada quehacer etc. etc ..

Sería imperioso lograr grandes consensos para desatar solidaridad hacia los más oprimidos, castigar impositivamente el despilfarro y la especulación. Movilizar las grandes economías, no para crear descartables, sino bienes útiles sin frivolidades ni obsolescencias calculadas, para ayudar al Mundo Pobre. Bienes útiles contra la Pobreza Mundial. Mucho más redituable que hacer guerras es volcar un Neokeinesianismo útil de escala planetaria, para abolir las vergüenzas más flagrantes del Mundo.

Nuestro Mundo precisa menos organismos mundiales de toda laya, que organizan Foros y Conferencias que sólo sirven a las cadenas hoteleras y a las compañías aéreas y que, en el mejor de los casos, nadie recoge ni obra por sus decisiones. Si, necesitamos mascar mucho lo viejo y eterno y convocar desde y con la política al Mundo de la Ciencia que se empeña por la humanidad y no por hacerse ricos.

Con ellos, crear acuerdos para el Mundo entero. Ni los Estados Nacionales Grandes, ni las trasnacionales y menos el Sistema Financiero, deberían gobernar el Mundo Humano. Sí, la Alta Política entrelazada con la sabiduría científica. Esa Ciencia que no apetece el lucro, sino el porvenir. La inteligencia y no el interés, al Timón de la Nave.

Cosas de este estilo nos parecen imprescindibles, pero requerirían que lo determinante fuera la vida y no la acumulación. No somos tan ilusos, estas cosas no pasarán, ni otras parecidas. Nos quedan por delante muchos sacrificios inútiles. Hoy el Mundo es incapaz de crear regulación planetaria a la globalización y ello por el debilitamiento de la Alta Política (la que se ocupa de Todo).

Por un tiempo asistiremos al refugio de Acuerdos más o menos regionales con un mentiroso “Libre Comercio” pero que construirán parapetos proteccionistas. A su vez crecerán ramas industriales y de servicios dedicadas a salvar el Medio Ambiente. Así, nos consolaremos. Continuará impertérrita la acumulación para regodeo del Sistema Financiero. Continuarán las guerras y por tanto los fanatismos, hasta que la naturaleza haga inviable esta civilización. Tal vez nuestra visión es demasiado cruda y vemos al hombre como una criatura única, capaz de ir contra su propia especie.

Vuelvo a repetir, la crisis ecológica del Planeta es consecuencia del triunfo avasallante de la ambición humana, también lo es su derrota, por impotencia política de encuadrarse en otra época que sin conciencia hemos construido.

Lo cierto es que la población se cuadriplicó y el PIS creció por lo menos veinte veces en el último siglo. Desde 1990, el comercio mundial creció un 12 % anual, duplicándose cada 6 años. Podríamos seguir anotando datos de la globalización pero concluyamos: entramos en otra época aceleradamente, pero con políticos, atavíos culturales, partidos y jóvenes todos viejos, ante la pavorosa acumulación de cambios. No podemos manejar la globalización porque nuestro pensamiento no es global, no sabemos si es por una limitante cultural o llegamos a límites biológicos.

Nuestra época es portentosamente revolucionaria, como no conoció otra la humanidad, pero sin conducción consciente o simplemente instintiva. Menos aún con conducción Política Organizada, porque sin siquiera hemos tenido filosofía precursora de importancia.

La codicia que tanto empujó al progreso material, técnico y científico, paradojalmente nos precipita a un abismo brumoso. Una época sin historia y nos quedamos sin ojos ni inteligencia colectiva para seguir colonizando y perpetuar transformándonos. Parece que las cosas toman autonomía y someten a los hombres. Por un lado u otro, sobran atisbos para vislumbrar el rumbo, pero es imposible colectivizar grandes decisiones por  “El Todo”.

La codicia individual triunfa sobre la, codicia-superior de la especie. Aclaremos: ¿Qué es el “Todo” para nosotros? La vida global del Sistema Tierra incluyendo la vida humana con todos los equilibrios frágiles que hacen posible perpetuarnos.

Por otro lado, Las Repúblicas nacidas para afirmar que los hombres somos iguales, que nadie es más que nadie, que sus gobiernos deberían representar el bien común, la justicia y la equidad. Muchas veces se deforman y caen en el olvido de la gente corriente. No fueron, Las Repúblicas, construidas para vegetar encima de la Grey, sino por el contrario, son parte funcional de la misma y se deben, por lo tanto, a las mayorías.

Por reminiscencias feudales o por clasismo dominador, o por la cultura consumista, las Repúblicas en sus direcciones adoptan un diario vivir "espléndido" y excluyente en los hechos del pueblo común que vive y sueña y que debería ser objeto central a servir. Los Gobiernos deberían ser como los comunes republicanos de sus pueblos.

Solemos cultivar arcaísmos feudales, cortesanismos consentidos, diferenciaciones jerárquicas, que sacaban lo mejor de Las Repúblicas. El juego de estos y otros factores nos retienen en la prehistoria, y hoy, es imposible renunciar a la guerra, cuando la política fracasa. Así estrangula la economía y derrochamos recursos. Cada minuto se gastan dos millones de dólares de presupuestos militares en el Mundo, la investigación médica en el planeta apenas cubre una quinta parte de la investigación y desarrollo militar. Este proceso asegura el odio y los fanatismos, fuentes de nuevas guerras y esto también gasta fortunas.

Es fácil autocriticarnos nacional mente y es inocente plantear, ahorrar de esos presupuestos; como otras cosas requiere acuerdos y prevenciones mundiales y políticas planetarias de paz o garantías imposibles hoy.

Allí habría enormes recursos a recortar, pero.... la humanidad ¿a qué manos iría? Las instituciones mundiales de hoy en particular vegetan a la sombra de las disidencias de las grandes naciones, y como éstas quieren para sí retener poder, bloquean en los hechos a la ONU, la desarraigan de la democracia planetaria y le cercenan a la historia el germen de un acuerdo mundial para la paz. Difícil inventar una Fuerza peor que el nacionalismo chovinista de las grandes potencias. La Fuerza que es liberadora para los débiles se tornó opresora en los brazos de los fuertes. En los dos últimos siglos abundan los ejemplos.

La ONU languidece y se burocratiza por falta de poder y de autonomía, de reconocimiento, sobre todo de democracia hacia el Mundo débil que es la mayoría. A título de ejemplo, los uruguayos participamos con 13 a 15 % de nuestras FFAA en las misiones de Paz. Llevamos años y años, siempre estamos en los lugares que nos asignan, sin embargo donde se decide y reparten los recursos no existimos ni para servir el café. En lo más profundo de nuestro corazón existe un anhelo de ayudar a que el hombre salga de la prehistoria y archive la guerra como recurso, cuando la política fracasa, conocemos en nuestras soledades lo que es la guerra.

Sin embargo, estos sueños implican luchar por una agenda de acuerdos mundiales que empiecen a gobernar nuestra historia, y superar las amenazas a la vida. La especie debería tener un gobierno para la humanidad que supere el individualismo y bregue por recrear cabezas políticas que acudan a la ciencia y no sólo a los intereses inmediatos. Esto no es fácil ni rápido en el caso de ser posible.

Paralelamente, entender que los indigentes del mundo lo son de la humanidad y ésta debe promoverlos para que se desarrollen por sí mismos. Los recursos necesarios existen en el depredador despilfarro de  nuestra civilización. Pero... hace casi 20 años discutimos la humilde Tasa Tobin y esto ilumina nuestras impotencias.

Sin embargo, con talento y trabajo colectivo, el hombre puede hacer verdear a los desiertos, llevar la agricultura  al mar, desarrollar  nuestra  agricultura con agua  salada, etc, etc.

Es posible arrancar la indigencia del mundo y marchar a la estabilidad, es posible que el futuro lleve la vida a la galaxia y el hombre, animal conquistador, continúe con su inclinación antropológica, pero.... Necesitará gobernarse como especie o sucumbir.

lunes, 3 de febrero de 2014

ME CONFIESO QUE...


ME CONFIESO QUE…       

A veces siento que he envejecido demasiado, pues muchas cosas ya no las veo como las veía antes y no es que esté arrepentido de haberlas visto de una forma determinada, es que, ahora que tengo una visión más completa, me doy cuenta de las estupideces que dije y que hice por creer que lo sabía todo, pero eso es propio de la juventud que se ofusca con su ilusión y, eso es lindo que se viva; ahora me aferro cada vez a menos cosas, pongo la mano por menos cosas y por menos personas y me da pena haber perdido esa ilusión confiada y la capacidad de confiar en la gente.

         Ciertamente, cada vez creo en menos cosas y me voy quedando con lo que realmente vale la pena: el éxito, el dinero, los puestos, la imagen… me parecen tan vacíos  que los detesto. El que te llegue la gente alabándote, cuando sabes que es un cumplido, me da grima y asco.

No puedo soportar los tejemanejes de los que medran para conquistar puestos, me parece indigno de una persona que se arrastre de esa forma, pues luego ves que no es “servir” lo que les ilusiona, sino la imagen y las apariencias.

         Me da mucha pena de esa gente que a todo le pone peros, pues viven amargados y jamás se les ve que, esos valores que predican  y que supuestamente ellos tienen y ponen como referentes, para criticar a los demás, no los ves por ningún sitio ni los ponen al servicio.

         Cada día me doy cuenta que soy más pobre, que soy mezquino, que sé menos, que me faltan muchas cosas y virtudes, que necesito querer a la gente y sentirme querido por los que me rodean, pues sin la gente no soy nada.

         No soporto a los que siempre están en el centro y hacen todo lo posible para que todo gire a su alrededor, de forma que minusvaloran a todos y desprecian cualquier idea que no sea la de ellos. Sobre todo, no puedo soportar a aquellos que no son capaces de mover un dedo, si es que no está pagado previamente.

         Me producen lástima aquellos que van presumiendo de coches, de títulos, de cuentas bancarias… y no son capaces de ponerse a la altura del más sencillo, que los pueda sentir como amigos y que puedan sentirse queridos por lo que son y no por lo que tienen y ostentan.

         Detesto a todos esos que andan por la vida mirando por encima de los hombros a los demás, apoyándose en sus grandes fortunas conseguidas a base de explotación, de negocios sucios y de robo.

Me siento muy mal con el cinismo de esta sociedad que ha puesto  el placer, el lujo, la vida fácil, como horizonte de la persona y no tiene en cuenta el dolor y el sufrimiento de los otros, ni le importa lo que puedan estar sufriendo, pues sostiene que cada uno ha de ir a lo suyo a costa de lo que cueste.

 Detesto a los insolentes y a los hipócritas que hacen grandes obras de misericordia a costa del expolio de los pobres y, encima, quedan bien ante la sociedad y se les hace monumentos.

Me producen repugnancia los “palmeros” que por un bocadillo, o  unas monedas, andan de un lado para otro aplaudiendo a los cínicos políticos que van burlándose del pueblo,  engañándolo con promesas que no piensan cumplir y degradando el más elemental sentido común.

         No me gustan los aplausos ni me creo los halagos; gozo cuando sé que alguien está gozando con algo que le he facilitado, y me siento feliz cuando percibo que he ayudado a la felicidad de alguien.

         A estas alturas y, después de todo lo vivido, me siento feliz y tranquilo porque creo que he dado lo mejor que tengo, he hecho lo que sé, y lo que quiero; he disfrutado haciendo lo que creo y lo he hecho de la mejor manera que sé; he querido a mucha gente y me he sentido querido también.

Siento que el mayor regalo que me ha hecho Dios son mis amigos, que son la mayor riqueza que tengo, por eso me siento enormemente rico.

         No aspiro ni deseo puestos, honores, reconocimientos, ni agradecimientos de nada, simplemente deseo vivir con sencillez, poder  abrir mi casa y mi corazón sin reservas a quien se sienta amigo mío y le guste compartir la vida.

         He aprendido que la vida es simple y que he de descomplicarla lo máximo que pueda, para hacer el camino fácil a los que me rodean y, en esa onda, quisiera vivir el resto de mis días: sirviendo de ayuda y no de obstáculo  para nadie.

         Le pido al Señor que me mantenga la cabeza lúcida, para que pueda mantener  siempre la cordura y escuchar con criterio a la gente y, de esa manera, poder escuchar, entender, comprender, a quien está a mi lado y poder valorar los detalles de cariño que me tenga y todo el bien que hace.

         Le pido al Señor fuerza de voluntad para entender que no siempre tengo 20 años y que tiene que llegar un momento en que he de tener la suficiente humildad para dejarme ayudar y saber agradecer el bien que me hacen; que no esté siempre quejándome de lo bueno que fue lo que yo hacía, cuando era joven y  lo despreciable que es lo que ahora se hace.

         Que me dé el Señor la lucidez necesaria para encontrar todos los valores que existen en el momento actual, que tienen las personas que me rodean y, aprender con ellos a disfrutar con lo que ellos disfrutan y a llorar con lo que ellos lloran; que no me crea que ya lo sé todo y que nadie me puede enseñar nada.

         Que me regale el Señor la capacidad de sorprenderme cada día por cada cosa que me ocurra, por cada persona que me encuentro, por cada situación  que vivo y encuentre la belleza que hay en todo, para sentir ganas de agradecer  en lugar de maldecir.
 


MI ESCUDO
 

No es ningún alarde de grandeza, sino un intento de dejar plasmada la definición de mi persona, pues con mucha frecuencia me piden el curriculum cuando tengo que dar una conferencia, o a veces me han pedido, en algún medio de comunicación, una definición  de mi persona.

He querido dejar plasmado lo que siento, lo que vivo y lo que soy:

+Una Biblia conteniendo la Palabra de Dios que es el alimento de mi fe y de mi vida.

+Una vela que representa la fe que me dieron mis padres en mi bautismo y que es la que le da sentido a mi persona entera:

+Dibujo de mi pueblo que representa mis raíces de las que me siento orgulloso.

+Un olivo que representa mi cultura.

+Las hojas verdes que me envuelven son mis amigos, por los que me siento querido y en quienes me proyecto.

En la parte superior  he querido poner mis ideales y mis grandes características:

+Una choza en la selva que representa mi gran ideal de entrega de mi vida por los más desfavorecidos: las misiones.

+Una orquídea representa mi amor a la naturaleza y el respeto a la tierra.; he puesto la orquídea porque es la flor que más me gusta.

+Un pico y un ordenador: en mi vida no he hecho otra cosa que trabajar porque creo que es así como se expresa el amor en el que creo y porque no creo que pueda comerme el pan con dignidad si es que no lo sudo.

+La CRUZ con la que me identifico y en la que encuentro que está mi salvación, pues es el camino obligado para la resurrección