jueves, 4 de julio de 2013

LA ORACIÓN DEL PADRE NUESTRO


 PADRE NUESTRO  

 Ustedes, pues, recen así:
Padre nuestro, que estás en el Cielo,
santificado sea tu Nombre,
 venga tu Reino,
hágase tu voluntad
así en la tierra como en el Cielo.
Danos hoy el pan que nos corresponde;
y perdona nuestras deudas,
como también nosotros perdonamos
a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en la tentación,
sino líbranos del Maligno.
Porque si ustedes perdonan a los hombres sus ofensas,
también el Padre celestial les perdonará a ustedes.
Pero si ustedes no perdonan a los demás,
tampoco el Padre les perdonará a ustedes. Mt 6,9-15 

Es muy importante el caer en la cuenta de algunos detalles: siendo tan importante la oración, no vemos a Jesús en ningún momento que obligue a los apóstoles, ni les imponga el que TIENEN QUE ORAR; los deja hasta que nace en ellos el deseo y la curiosidad; Él entiende que esto no es una obligación, sino una necesidad que nace desde lo más hondo del ser, como el “hambre”, como la “Sed”… algo sin lo cual no se puede vivir. Esto es algo que Jesús ha visto desde pequeño en su familia, en la gente sencilla de su pueblo: es una necesidad vital de estar en contacto con Dios y, por eso, es algo que está incorporado en su vida como el comer o el beber y lo hace con la más completa naturalidad: no sabe moverse si no es en presencia y con el beneplácito de su Padre.

            Los discípulos ven esta actitud en Él y eso les provoca el deseo de hacer lo mismo y le piden que “les enseñe a orar” (Lc. 3,21; 5,16; 6,12; 9,29).

            Jesús les comparte lo que Él vive y siente en relación con  su Padre y pide que ellos sientan y vivan lo mismo; las palabras que les indica, no son una teoría sobre la oración, ni un método científico, sino la expresión entrañable que le nace al hijo que siente un verdadero amor a su padre:
 

“PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO” 

            Es la expresión del hijo que se dirige a su padre (Jesús lo llamaba  “ABBA” (papi –en nuestro lenguaje) y pide a sus apóstoles que también lo sientan ellos así, que no tengan reparo alguno, pues Él es así.

            Al llamarlo “Padre” le estamos reconociendo su paternidad sobre nosotros; reconocemos también nuestra fuente y origen de vida y de la existencia: sin Él, nosotros no vivimos ni existimos.

            Al reconocerlo nuestro padre, estamos confesando que llevamos en nosotros su imagen y semejanza, que viene a ser como nuestro código genético.

            Pero al reconocerlo  Padre NUESTRO, estamos confesando la igualdad radical de todos los seres humanos: somos hijos del mismo padre, por lo tanto con igualdad de dignidad, con lo que nadie puede levantarse ni considerarse superior a nadie; esto nos iguala a todos en los fundamentos de la persona, estableciendo la igualdad universal de todos los seres humanos.

            Al llamarlo “Padre NUESTRO” nos estamos declarando hermanos de todos los seres humanos y estamos declarando que no nos podemos quedar insensibles a lo que le ocurre a un hermano, por muy distante que viva. Estamos confesando y proclamando la “Fraternidad Universal”
 

“SANTIFICADO SEA TU NOMBRE”:  

Le expresamos nuestro deseo profundo de que sea reconocido  como Padre por todos los hombres, con lo que estamos confesando nuestro deseo de igualdad entre todos, que sea reconocido como Dios y Señor que nos ama y, nosotros deseamos que sea alabado, reconocido, amado, glorificado, agradecido por todos los hombres, mujeres e instituciones de toda la tierra. Estamos proclamando nuestro deseo de que todo lo que el ser humano hace, sus hijos, lo haga en nombre de Dios, su Padre y, por tanto, como si fuera Él quien lo hace, con lo que quedaría fuera de lugar cualquier atropello, corrupción o desorden. 
 

“QUE VENGA TU REINO”:  

Es el deseo más profundo de un hijo que ama a su padre y que quisiera que todo esté bajo la seguridad y la protección de su Padre, pues sabe que hechas las cosas o dirigidas por Él, se establecerá la JUSTICIA, la VERDAD, el AMOR la PAZ.

Ser misionero no es más que luchar para que la presencia del Padre lo llene todo y se establezca su voluntad, es lo que debemos desear siempre, establecer como nuestro programa de vida  y pedir en cada momento, pues de otra forma la vida se hace insoportable.

Jesús tenía esto tan claro que en algún momento decía, como proponiendo un programa de vida: “Buscad el Reino de Dios y el resto ya se os dará por añadidura”
 

“QUE SE HAGA TU VOLUNTAD EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO” 

Somos conscientes de que Dios Padre, que ha hecho el universo como un acto de su amor y en él ha puesto al hombre, hecho a su imagen y semejanza para que sea feliz, y sentirse feliz con Él, sería estúpido pensar que Dios vaya a estar colocando trampas al hombre y haciéndole la vida imposible, de forma que no pueda cumplir el fin para el que ha sido puesto en la tierra.

La voluntad de Dios es “que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. Cristo es LA VERDAD, la presencia viva del Padre: “Quien ve al Hijo ve al Padre que lo ha enviado” y “Quien escucha al Hijo está escuchando al Padre”; por tanto, desear que se haga la voluntad de Dios en la tierra como se hace en el cielo, no es, sino seguir las huellas de Jesús que el modelo más perfecto que tenemos; se trata, entonces, de unir nuestra voluntad a la de Cristo, para decidir escoger siempre  lo que le agrada a Dios que, a su vez, es lo que más y mejor nos conviene.

Y lo que Cristo realiza en la tierra, para que sea lo mismo que en el cielo, está bien claro: “Hacer presente el Reino de Dios”, convertirse en el instrumento vivo y eficaz de ese reino, de tal forma que Él mismo se convierte en la expresión visible del reino.

Lógicamente, mantener esta tensión de vida, es imposible si es que no vivimos en una constante unión con Dios Padre, como el hijo que vive en perfecta unidad con su Padre, exactamente igual que le ocurría a Jesús. La oración, entonces, se convierte en el camino indispensable para el discernimiento y para poder saber en cada momento cuál es la voluntad de Dios y al mismo tiempo en la fuente de donde nos nutrimos de toda la fuerza que necesitamos para llevarlo adelante
 

“DANOS EL PAN DE CADA DÍA”.  

Ciertamente, no se puede vivir donde no hay justicia, donde la verdad es desconocida y no nos podemos fiar de nadie, donde no amamos ni nos sentimos amados y, lógicamente donde la paz es un bien desconocido y por eso le pedimos que estas condiciones de vida, que son las que el Padre Dios pone para sus hijos, no falten nunca; pero, tampoco somos ángeles y necesitamos alimentar este cuerpo cada día. No le pedimos que nos dé para almacenar y retener hasta que se pudra, sino que no nos falte a nadie lo que necesitamos para vivir con dignidad cada día que nos levantamos.

No le pedimos que nos tenga resuelto el futuro, de forma que nos podamos echar a dormir en los laureles, no.

Con esta petición le estamos pidiendo que nos dé salud para poder trabajar, que nos dé trabajo cada día, de forma que podamos ganarnos el pan que nos comemos y podamos vivir con la dignidad de todo hijo de Dios; por tanto, que nos libre del desempleo, de la carestía que nos puede llevar a situaciones complicadas.

Le estamos pidiendo que nos libre de desastres que nos pueden llevar a situaciones en las que perdemos el horizonte y podemos perderlo de vista a Él.

Le estamos pidiendo que el trabajo que hacemos en el campo, en la fábrica o donde sea, tenga su resultado y se convierta en un don para todos y no sea destruido o atropellado.

Le estamos pidiendo que no falte en el hogar lo necesario para alimentar, vestir, educar y sostener todos los servicios necesarios para vivir en paz en la familia… y esto lo hacemos extensible a todos los seres de la tierra, nuestros hermanos. 

Con esta petición le estamos diciendo a nuestro Padre Dios que cuide de todos los ancianos que se encuentran solos y desvalidos, de todos los enfermos que viven dependientes de alguien que los ayude a vivir…; Es, pues la oración del hijo que ama y confía en su padre, pero también es al mismo tiempo la oración del hermano que no vive tranquilo sabiendo que sus hermanos están sufriendo.

Pero al mismo tiempo que confío en el Padre y expresa su amor y su preocupación por sus hermanos, es una expresión de compromiso y de implicación en la solución de los problemas: no pido y me cruzo de brazos esperando que me resuelvan el problema, sino que pongo todos los medios a mi alcance con la seguridad de que mi Padre no me va a dejar en la estacada y, cuando yo no pueda más, puedo estar seguro de que Él ha de poner el resto.

Sería un absurdo y hasta ofensivo estar haciendo esta oración al Padre mientras por nuestro lado estamos haciendo todo lo contrario: exponiendo la salud, realizando mal el trabajo, explotando a los trabajadores, robando lo que se le debe a los obreros o estafando a la empresa, aprovechándonos de la necesidad del hermano, viviendo del cuento y aprovechándonos de los demás,
 

“PERDONANOS NUESTROS OFENSAS, COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN”.  

Cuando alguien comete un “delito”, lo que merece es un castigo;  El perdón  es una de las manifestaciones y expresiones más genuinas del amor, pues frente al merecimiento del castigo lo que se nos regala es el perdón; esto está fuera de todos los esquemas e intereses del mundo y supera todos los cálculos humanos, por eso es una de las manifestaciones más claras de Dios.

 Le pedimos que nos perdone, pero al mismo tiempo le estamos pidiendo que nos enseñe a perdonar como Él lo hace, pues lo que nosotros llevamos inscrito en nuestro código genético es el ojo por ojo y diente por diente, la venganza, el odio, el rencor… el PERDÓN es algo que tenemos que aprender, porque eso es sobrenatural y solo un amor  tan grande y puro como el de Dios es capaz de hacerlo;

El PERDON como el AMOR, como  la VERDAD o la JUSTICIA no es algo que nos nace como algo espontáneo, esto es algo que se consigue hacerlo a base de estar anclados en Dios, de mirar cómo Él me perdona a mí, cómo me soporta, cómo me aguanta y viendo cómo Él pasa por encima de mis pecados, así voy yo aprendiendo a hacer lo mismo con mis hermanos y, cuando voy tomando conciencia de mis pecados, aprendo a ser comprensivo con los otros y ese ejercicio hace que yo vaya valorando lo que Dios hace cada día conmigo.

El PERDÓN es el ejercicio de sanación más hermoso que Dios ha puesto para los seres humanos, es lo único que nos hace levantar la cabeza y respirar con alegría. Por algo insistía Jesús: “Si no perdonas, ¿cómo quieres que Dios te perdone?... “La misma medida que uses es la que se va usar contigo…”

Por otro lado, si yo no logro tener la experiencia del perdón regalado a mi hermano, jamás podré darme cuenta de la grandeza del perdón que a diario estoy recibiendo de Dios por mis fallos. De alguna manera el juicio final nos lo vamos haciendo poco a poco en la tierra: lo que yo voy haciendo con mis hermanos es exactamente lo que se me va a hacer a mí en el momento final.

La oración, como la amistad y las cosas grandes y entrañables, no es algo que surge un día como quien ha tenido una gran ocurrencia en un momento de lucidez… no. Es algo que va haciéndose a base de “encuentros”, como cuando te enamoras: cada vez sientes la necesidad más fuerte de estar al lado del ser querido y a medida que lo vas conociendo más lleno te sientes; como quien se acerca al fuego: cuanto más te acercas más te calientas y, por el contrario, cuanto más te retiras más helado te quedas. Algo parecido es lo que ocurre con el tema de la oración o, dicho de otra manera: la experiencia del encuentro con Dios no es algo que se aprende en un libro, sino que se “gusta” “ESTANDO” con el Señor.

Jesús invitaba a sus discípulos a ser  constantes y a no fallar y les indicaba que el Padre les daría el Espíritu Santo, que es el verdadero maestro para que puedan pedirle lo que realmente les interesa y lo hagan con la disposición debida; esto solo lo puede hacer el Espíritu.
 

 “NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN, SINO QUE NOS LIBRE DEL MALIGNO” 

El mal está en el mundo establecido por el hombre; ese es el “mar” en donde a diario tenemos que navegar y con el que necesariamente nos vamos a encontrar y constantemente nos va a estar planteando la batalla: unas veces nos ataca directamente y tenemos que estar fuertes y, otras lo hace con toda suavidad, incluso aliándose con nosotros.

Al Padre le decimos “Que nos libre de caer en la tentación”, es decir: de dejarnos engañar y seducir por aquello que se nos presenta con imagen de BIEN y con argumentos razonables, hasta el punto que resulta estúpido no aceptarlo. Esa es la verdadera tentación y el verdadero peligro, pues no lo vemos ni calculamos el daño que a la larga nos puede hacer, con la apariencia de “bien”. Si nos detenemos y miramos despacio, veremos que ninguna de las tentaciones que describe el evangelio  las sentiríamos como tentaciones, sino como cosas lógicas: si a cualquiera de nosotros nos dijese Jesús: Mira, llevo 40 días sin comer... )qué te parece si convierto esto en algo para hacer  un sándwich?... estoy seguro que todos diríamos: (pues claro! Incluso le diríamos que lo está haciendo muy mal si no lo hace, porque tiene que cuidar de su vida y lo que está haciendo es un atentado... es decir le daríamos mil y una razones para que lo hiciera y se lo aplaudiríamos, porque es lo más lógico y sensato.. Pues Él contestó: “No solo de pan vive el hombre…”

El gran problema de la tentación es que la veo lógica y hasta buenísima; su maldad no se la veo por ningún sitio, más bien aparece como algo completamente bueno... es una trampa y la trampa no se ve, aparece como buena.

O sea, que la tentación  hay que relacionarla  más bien con el  engaño, y ésta es engaño porque no se la ve. La tentación, por tanto, es algo que, como no esté atento y me descuide, caigo y encima, me siento hasta bien y tengo hasta miles de  razones para justificarme, por eso es un don de Dios el poder recibirla y tener la lucidez suficiente para hacerle frente. En consecuencia, cuando le pedimos que no nos deje caer en la tentación, lo que le estamos pidiendo es un espíritu de discernimiento grande y una voluntad fuerte para hacerle frente a lo que aparentemente se presenta como lógico y como bueno.

Lo peor que nos puede ocurrir es instalarnos en los brazos del MALIGNO sintiéndonos bien y con todas las razones lógicas, legales y hasta con el beneplácito de la sociedad. A eso, Jesús le llamaba el pecado contra el Espíritu Santo, pues resulta casi imposible escapar de esa situación.
 

¡SEÑOR, ENSÉÑANOS A ORAR! 

            La verdad es que, cuando nos detenemos a pensar despacio, nos damos cuenta que necesitamos ORAR como el comer, si queremos encontrar el ambiente apto para poder respirar en libertad y sentirnos felices, es necesario crear el ambiente de intimidad y familiaridad con Dios.

Jesús nos invita a crear ese clima, nos dice: ““Tengan fe en Dios. Yo les aseguro que el que diga a este cerro: ¡Levántate de ahí y arrójate al mar!, si no duda en su corazón y cree que sucederá como dice, se le concederá. Por eso les digo: todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán. Y cuando se pongan de pie para orar, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, para que su Padre del Cielo les perdone también a ustedes sus faltas.” (Mc. 11,24-26)

Él lo ha dicho, el resto depende de nosotros. Alguien decía que la oración es como un papel en el que Dios ha comenzado el escrito y ha dejado el resto del papel en blanco para que lo continuemos nosotros. Al final ha puesto su firma, pero  el resto de espacio en blanco que queda por escribir en el folio nos toca a cada uno, eso va a depender completamente de cada uno.

            La experiencia que nos cuenta el evangelio es que la gente veía a Jesús orar con toda naturalidad, como quien comparte todo con un ser querido y notaba cómo Dios Padre le escuchaba en todo hasta el punto que su experiencia de intimidad con Dios hacía que la gente sintiera el vivo deseo  de hacer lo mismo.

            De hecho en Israel una de las normas de todo judío religioso era la oración diaria en la que repiten una serie de salmos y frases hechas, sin embargo, lo que hace  Jesús,  es otra cosa bien distinta: Él se comunica espontáneamente como el niño con su padre, liberándose de todo esquema.

            Por eso, tampoco hace como todos los maestros espirituales que enseñan a sus discípulos métodos fáciles y prácticos de oración. Los discípulos al verlo, sienten ganas de hacer lo mismo que Él y le piden que les enseñe, sin embargo, su “lección” no es una teoría, sino su propia experiencia, en la que se encuentra todo lo que necesita un buen método de oración:

1º- INSISTENCIA: no dejarlo para cuando me encuentro fervoroso, para cuando no tengo otra cosa qué hacer… quien siente a Dios a su lado, no lo deja para los momentos que le interesa y tampoco deja las cosas a medias: insiste y hasta regatea, si es necesario, como Abrahán intercediendo por Sodoma o como el mismo Jesús decía: “Si no te escucha por ser amigo, que lo tenga que hacer por cansino” –como contaba con la parábola del vecino inoportuno-

2º ATENCIÓN: algo que nos sorprende enormemente es que no utilicemos con Dios los mismos esquemas de educación elemental que utilizamos entre nosotros los humanos: cualquiera saldría indignado viendo a alguien que no te pone la más mínima atención a lo que dices ni te escucha… Habría que hacer un estudio de la actitud que tenemos cuando  rezamos a Dios o nos ponemos en su presencia para orar.

3º HUMILDAD: el ejemplo claro nos lo puso Jesús con el fariseo y el publicano que se presentaron a orar al templo: uno iba exigiendo derechos y, poco menos que recordándole a Dios sus obligaciones para con él. El otro entendía que hasta el simple hecho de que Dios le prestara atención era ya un regalo que no merecía y que hasta eso mismo debía agradecerlo. Tendríamos que ver nuestra actitud delante de Dios a la hora de dirigirnos a Él.  

4º CONFIANZA: Alguien decía: “¿Para qué voy a rezar ni voy a ir a misa si Dios nunca escucha lo que le digo?”. Lógicamente, si parto del hecho de que Dios solo escucha a quien le interesa, ya no me estoy fiando de su amor y su preocupación por mí; jamás podré constatar su presencia en mi vida, pues incluso los momentos en los que se hace presente y visible, yo estaré viendo otra cosa.

miércoles, 12 de junio de 2013

DIMENSIÓN MISIONERA DA LA IGLESIA


Vivimos en una realidad en la que por todas partes se oye lo mismo: “Se han perdido los valores”, “Se ha perdido el trabajo” “Se ha perdido el respeto”, Se ha perdido la fe”, “Se ha perdido el norte”… ¿Vivimos en una sociedad perdida?

            No sé si han tenido alguna vez la experiencia de perderse en algún sitio y no saber dónde está el norte ni el sur ni ninguno de los puntos cardinales… ¡Es tremendo!

            También es tremendo llegar a una situación en la que no sabes qué hacer, por dónde tirar, a quién escuchar… y mientras tanto, tampoco tú te encuentras con fuerzas ni con ánimos para nada, te sientes perdido y, hay mucha gente que se desea la muerte y hasta llega a quitarse la vida.

            Hay otra situación de pérdida de horizontes, que es aquella en la que se encuentra mucha gente y que dice: “Pues una vez perdidos… ¡todos al río! Y se dedican a vegetar, esperando que alguien arregle esto, pero sin estar dispuestos a mover un dedo para que las cosas cambien.

            De todo esto, creo que todos sabemos un poco y, en un tiempo de crisis como el que vivimos, cuando miramos el horizonte, cada vez lo vemos más oscuro y hasta borroso.

            En definitiva, creo que ha ocurrido una cosa: llevamos ya un tiempo en el que nos echamos en brazos del dios dinero; él prometía darnos todo lo que soñáramos y, en esa nube nos instalamos un tiempo, sin darnos cuenta que la nube no tiene en qué sostenerse y, cuando nos tenía completamente en sus manos, de repente nos despertó y nos dimos cuenta que todo fue un sueño. Hay mucha gente que aún quiere seguir durmiendo y no quiere aceptar que no era real, pero ya no hay camas dónde echarse y dormirse en los laureles.

            Yo recuerdo que hace 20 años, en una reunión en la universidad, un joven decía que “habíamos logrado lo máximo que puede llegar a soñar la especie humana: a tener un sistema que te da todo lo que te apetezca sin tener que preocuparte. Los ideales, las inquietudes… son problema de cada uno y, lo que tiene que hacer, es que no salpiquen a los demás”

            Es exactamente la tentación que nos narra S. Mateo  (Mt. 4,3-4) a la que Jesús contestó tajantemente: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”: es la tentación de reducirlo todo al placer y la comodidad, achatando todas las perspectivas del ser humano. Y esto es lo que han hecho con la sociedad, volviendo la cabeza ante la realidad que existe a nuestro lado.

            Parece que a esta sociedad acomodada del primer mundo, le quitaron el mapa o el GPS y ha perdido los puntos de orientación y, no le quedará más remedio que volver a reorientarse.

            Y en esa vuelta, tiene de nuevo varias propuestas que luchan por imponerse, para llevarnos de nuevo a la “nube”: (lo que ocurre es que ahora no sabemos qué signo va a tener la nube)
 

Propuesta A

                        -Hoy se está atentando contra una de las expresiones sagradas del hombre: el trabajo, al que se le está queriendo quitar toda la dignidad que tiene, presentándolo como una moneda devaluada.

                        -Otro objetivo es el deterioro moral, espiritual y antropológico de la persona; se la está queriendo reducir a ser una máquina que consume y produce placer; el instrumento más inmediato y fácil que tiene es el cuerpo, el cual solo interesa, si es que puede producir o consumir ese placer, de ahí que el objetivo fundamental que hay que desarrollar es el CUERPO, con sus sentidos y el desprecio por la vida, sobre todo la espiritual.

                        -Quitar todo sentido de transcendencia y cerrarse en lo inmediato y material: un materialismo absoluto.

            Con lo cual, se da por desmoronado toda la dimensión espiritual y transcendente de la persona y todo queda reducido a un intercambio de intereses materiales.

 

Propuesta B

            Ponerte al servicio del poder, arrodillándote ante él y sometiéndote a todos sus dictámenes, con lo que renuncias solemnemente a tu libertad y te entregas con cuerpo y alma a los intereses del partido, aun a costa de negar lo evidente y atropellar la verdad, la persona, el orden, la moral y todo lo que pueda obstaculizar la posesión del poder, que se convierte en el único objetivo.

 

Propuesta C

            Es la propuesta del evangelio: hay una realidad que nos grita y nos provoca: esa que hemos dibujado al principio: una realidad que está perdida y busca un GPS para dejar de dar vueltas y salir del atolladero.

            En medio de esa situación, se vuelven a escuchar las palabras de Jesús: en un momento hablaba con los discípulos y les dice: “A donde voy yo, sabéis ya el camino” Tomás le contesta: Señor, si no sabemos dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino? Jesús le responde: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

            Jesús se convierte en el verdadero GPS que conduce a la humanidad: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida (Jn. 8,12.  Cf. Is. 35,8; Sal. 23)

            Quien se mete en ese camino y sigue esa dirección, se convierte también en guía, por eso les dice: “Vosotros sois la luz del mundo… brille así vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en el cielo” (Mt. 5,14-16)

            La iglesia no tiene otro sentido de existir que éste: ser luz para la humanidad, ser guía hacia el Reino de Dios y hacerlo presente, tal como hizo Cristo; esta es la MISIÓN que recibió la iglesia y que Cristo le dejó como tarea: caminar con la humanidad indicando siempre el camino, siendo luz, como quien se siente con el GPS o el mapa en la mano.

            La MISIÓN de la iglesia no es una ideología, ni un sentimiento religioso, reducido a una actividad interior, sin incidencia en la realidad externa, que se da solo en el campo de la conciencia -como están queriendo convencernos- hasta el punto que todo aquello que concierne a la realidad del reino, como es LA VERDAD, LA JUSTICIA, LA LIBERTAD, LA PAZ, LA VIDA, LA DIGNIDAD DE LA PERSONA… han llegado a convencernos que eso son asuntos políticos y no hay que tocarlos, ni la iglesia tiene nada que decir sobre eso, con lo que, al convencernos de esto, nos han callado y nos han escondido la luz debajo del celemín… nos han robado el GPS.

            Ser signos e instrumentos del reino, implica el comprometerse, con una misión que tiene un carácter público, que tiene que verse y que se traduce en acciones concretas y en actitudes que se personalizan.

            La MISIÓN de la iglesia es la respuesta a las palabras de Jesús: “Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros en la plena luz; lo que oís al oído, proclamadlo desde la terraza” (Mt.10,27)

            Es decir: es inconcebible que los cristianos se arrinconen, se callen, se asusten, se avergüencen… eso es renunciar a nuestro ser de cristianos; el mensaje que Cristo nos trajo no es para que nos lo guardemos, sino para que lo llevemos a todas partes.

            El mensaje que tenemos es salvación para el mundo, pues supone el respeto a la persona, el reconocimiento de su dignidad, el respeto a la vida a todos los niveles; el compromiso de hacer de este mundo un anticipo del reino de Dios, creando unas estructuras justas, donde brille   la luz por la claridad de la verdad, en donde la persona sea tenida como un valor absoluto y todo esté en función de la felicidad del hombre.

            Somos poseedores de un gran tesoro y no nos lo podemos guardar; no podemos seguir arrinconados. No podemos seguir sosteniendo algo que se contradice: calculo que este año se han de haber confirmado más de 2000 jóvenes en nuestra provincia y es una gran contradicción el que no se vean por ningún sitio.

            Cristo vino, abrió el camino, indicó la meta, dio las pautas para caminar y nos dejó el encargo de invitar a todos a entrar en el camino. Ni la iglesia, ni los cristianos, podemos renunciar a este encargo; el momento que lo hacemos estamos dejando de ser lo que somos y nuestra presencia se convierte más bien en “sal que se ha vuelto sosa y solo sirve para que se burlen de ella y la pisoteen”

 

miércoles, 29 de mayo de 2013

EL CONSECUENCIALISMO


DERECHO Y OBLIGACIÓN 

Estos tiempos estamos viendo cómo se responde ante algo que hasta ahora se ha entendido y ha sido admitido como algo natural y evidente que aquel ser que ha sido engendrado en el útero de una mujer es una persona desde su primer momento de concepción, lo mismo que es un perro aquel ser que ha sido concebido en el útero de una perra…

Sin embargo, esto que aparece tan claro y evidente, ha comenzado a ponerse en duda, sobre todo lo referente a la persona y, a pesar de haberse levantado un clamor popular  por parte de un gran sector de la población, que entiende como un atentado a la vida humana la aprobación de leyes que favorecen el aborto, pues considera que el ser engendrado en el útero de una mujer, desde el primer instante de su concepción, comienza una vida humana que se va desarrollando y que tiene su individualidad propia, sujeto de todos los derechos de cualquier persona.

Este clamor de un enorme sector de la sociedad se ha ignorado y se le está dando voz y relevancia a otra corriente que opina en la dirección de Max Weber con su teoría del consecuencialismo; según él, toda acción humana, su moralidad depende  de la decisión que toma responsablemente una persona, atendiendo a su conciencia. Claro está, parte de que toda persona tiene una conciencia bien formada.

Partiendo de ahí, y con independencia del fin de la decisión, es decir: del contenido del acto, una obra es buena.

Con lo cual, declara que no hay normas morales de índole universal que obliguen absolutamente, por lo que –señala F. Inciarte: "si de matar a un inocente se siguen bienes proporcionalmente mejores, o con ello se evitan males proporcionalmente peores, entonces la acción no es que quede justificada, sino que no necesita  ni siquiera justificación” –Según él, estas acciones son moralmente indiferentes, por lo tanto, en esta teoría del “consecuencialismo”, no cabe el conflicto de deberes, de forma que una persona, cuando actúa en conciencia y de acuerdo a sus principios y a sus intereses, no atenta contra la moral, con lo que se puede concluir que toda acción humana es intrínsecamente buena, si es que responde a sus intereses personales.

         Según los expertos, esta tendencia surge como respuesta al fundamentalismo que se impone por encima de la misma realidad vital, que a veces es dramática, a la que aplica la ley sin más, sin atender la situación por la que se atraviesa. 

VIDA-MUERTE 

En este marco  encuadramos el aborto, la eutanasia, la contracepción, la fecundación in vitro… y entonces solemos caer en la misma actitud de la que se quieren defender.

Recuerdo un caso de una chica: ella sostenía que para el amor no deben existir fronteras de razas, culturas, condiciones sociales etc. En principio, todo perfecto hasta que se sintió muy interesante saliendo con frecuencia con un  joven africano y disfrutaba sintiéndose diferente y liberada.

También discutimos muchas veces y no había cómo bajarla de su teoría, de que no tiene por qué estar ligado el amor y el disfrute del sexo con la concepción; para ella el cuerpo no era más que un instrumento de placer… hasta que  un día se quedó embarazada; ahí cambió todo: la idea de tener un hijo mulato le aterrorizaba, pues decía que su hijo se podía sentir extraño a los demás; el sentirse amarrada a un hombre para toda su vida de una raza y una cultura diferente no lo podía ni imaginar; tener que plantear esto en su casa era un drama que no estaba dispuesta a afrontar; sus estudios y sus proyectos de mujer se venían abajo y eso, no estaba dispuesta a dejarlo por nada; ella no tenía un porvenir claro, como para enfrentarse al sostenimiento de un hijo; no se sentía preparada para ser madre… tenía mil razones para abortar.

Le planteé la respuesta en positivo a todas las objeciones que ponía: precisamente el hijo mulato era el signo más claro y evidente de su liberación de moldes racistas, xenófobos; La idea de hacer un proyecto estable en la vida, al que se pudiera ajustar  y le diera sentido a todo lo que hacía la rechazaba, porque decía que no estaba dispuesta a renunciar a su libertad, que no era más que un vivir sin responsabilidad de nada, sino vivir al día.

Por último le dije que  se trataba de una opción clara y determinante: apostar por la vida o por la muerte, convertirse en instrumento de vida o de muerte. Le argumenté con el hecho de la experiencia  universal del síndrome post-aborto, de lo que estaría reprochándose toda su vida… y ella, pero más aún su familia, que no querían cargar con el resultado de la decisión de la hija, decidieron asesinar al feto.

Según Max Weber una decisión tomada así, habiendo visto todos los pros y los contras, no es ni buena ni mala y, por tanto, si te evita un montón de problemas, es moralmente buena, sin importar lo que se haya hecho, lo único que importa es el resultado final, que vaya en el beneficio que yo busco.

En esta onda va toda la tendencia actual  de la ideología de género, con la que se pretende liberar a la mujer con la famosa teoría de las tres “K” alemana:
         "die Kirche" (la iglesia)

         "die Küche"(la cocina),

         "die Kinder" (los niños). 

NUDO DE CONTRADICCIONES 

         Es mucho el tiempo que se lleva trabajando en este terreno, intentando que la mujer sea “ella misma”, sin embargo, cada vez están constatando el fracaso de esta dirección, pues precisamente se ha convertido en un verdadero ataque a la esencia de la mujer, salvo en casos en los que se ha producido en la mujer una manipulación tal que ha resultado un auténtico lavado de cerebro que le impide ver la realidad en la que vive, como está ocurriendo, desgraciadamente, en muchos ambientes de la sociedad occidental, donde se han invertido por completo los valores "libertad", "progreso", "modernidad", "autonomía", "autenticidad", etc., hasta el punto de llegar  a establecer la destrucción industrializada de la vida humana y hacer de esto un negocio; estamos asistiendo al espectáculo de ver cómo se establecen y se aplauden las contradicciones, como es el que se castigue y se persiga  a la madre que abandona en la calle a un niño de pocos días o lo deje solo durante una hora encerrado en una habitación, mientras va al mercado, y, en cambio, se favorece y se le apoya para que lo mate cuando lo lleva en su vientre, sin otra razón que el evitar molestias o, simplemente porque no lo quiere, pues no lo tenía programado.

Los legisladores regulan el aborto para que no nazcan niños, pero también hacen leyes para que puedan nacer artificialmente (niños probetas); se reconocen los derechos de las prostitutas y de los homosexuales, pero no los de los padres a educar a sus hijos en los centros que prefieran.

Se castiga con cárcel y multas espectaculares a quien mate a un pájaro o a un lince y, en cambio, no se quieren poner leyes que protejan a la mujer que quiere traer su hijo al mundo.

Se ha optado en la sociedad occidental por el  positivismo sociológico, que ha establecido una mentalidad que sostiene que el valor de las cosas, no es otro que la valoración que de ellas hacen mayoritariamente las gentes, en cada situación socio-histórica; es decir: la verdad no existe, sino que se consensua y, si una mayoría acepta una cosa como verdadera o válida, eso no tiene vuelta de hoja; es decir, si un grupo se pone de acuerdo y determina que los niños que no nacen con una medida determinada no son personas y, por tanto, hay que eliminarlos, se establece y eso está bien. No existen valores absolutos

En ese contexto, la vida humana no es un valor absoluto, sino relativo, que podrá cambiar, de acuerdo a quienes lo consensuen, por tanto,  sería un valor  cambiante, una cuestión de cada época: hoy puede ser bueno, mañana malo. Si una mujer "decide" que la vida de su hijo es valiosa para ella, para su propia realización personal, bien. Pero si no lo considera así, se lo quita de en medio y punto.

 Incluso, si no puede tener hijos, o no acepta al hombre, hoy la tecnología le permite implantarse unos espermatozoides y tener su hijo, sin necesidad del hombre, con lo que ella tiene cumplidas sus expectativas de madre y de mujer.

Lógicamente, en ningún momento se está tomando en cuenta la PERSONA que es el hijo, eso no cuenta para nada, de la misma manera que no cuenta para nada cuando nos compramos la mascota que nos gusta.

El problema de todo esto es que, si sostenemos esta teoría, eso mismo que yo asumo y acepto para mí, tengo que aceptarlo para los demás y, el conflicto se da el momento en que yo formo parte del proyecto del otro, que no ha contado  conmigo para nada, porque puede ocurrir, que los intereses del otro sean quitarme a mí de en medio y entonces… ¿Cómo resolvemos el problema?

CONFLICTO ENTRE GENERACIONES


 

Se cuenta que el  profesor  Ronald Gibson comenzó una célebre conferencia sobre el conflicto generacional y lo hizo citando unas frases de grandes personajes de la historia, tal como ocurre con frecuencia cuando alguien quiere afianzar su exposición con testimonios  de autoridad en la materia y comenzó con estas afirmaciones: 

-“Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy, son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando entra una persona anciana. No respetan  la autoridad. Responden a sus padres y son, simplemente malos.”  

-“Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país, si la juventud de hoy toma mañana el poder, porque esa juventud es insoportable, desenfrenada, simplemente horrible.”  

-“Nuestro mundo llegó a su punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo ya no puede estar muy lejos”  

-“Esta juventud está malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Jamás serán como la juventud de antes. La juventud actual no será capaz de mantener nuestra cultura”  

            Después de leer estas frases y contemplar la expresión de la gente, se le ocurrió hacer  un pequeño sondeo entre el público asistente, para que dijeran quién creían que podría haber dicho estas afirmaciones. Cada uno  fue diciendo a quién le atribuía la autoría y al final, cuando todos quedaron en silencio, fue nombrando el autor de cada una de las frases:

La 1ª la pronunció  (Sócrates 470-399 a.C.)

La 2ª la pronunció (Hesiodo 720 a.C.)

La 3ª la pronunció (un sacerdote del año 2000 a.C.)

La 4ª la encontraron escrita  en una vasija de arcilla en las ruinas de Babilonia, la actual Bagdad con más de 4000 años de existencia 

Ante el estupor de la audiencia, el conferenciante concluyó diciendo: “Relájense, señores, que el problema ya ven que ha sido siempre el mismo”. 

Es cierto que, para muchos padres y educadores, estas afirmaciones les traen un poco de consuelo, pero no deja de ser la receta del “mal de muchos, consuelo de tontos”, porque la verdad es que, los mejores años de la vida, donde hay más posibilidad de aumentar la riqueza de la persona, donde se han de afianzar los valores que han de servir de fuerza para todo el trayecto de la existencia, se convierten en el mayor vacío y descontrol, quedando ese espacio vacío para siempre.

Yo recuerdo con frecuencia la frase con la que me animaba un indígena de los Andes cuando en una reunión tratábamos el tema de los jóvenes que despreciaban la cultura de sus mayores, me decía: “Padrecito, lo que ocurre siempre es que la vaca, nunca se acuerda de que antes fue ternera” y, puede ser esa también una de las causas de que no logremos entendernos:  miramos y juzgamos desde la madurez, desde la experiencia, desde los prejuicios… incluso desde los intereses consolidados y, lógicamente, nos estrellamos, pues  “la ternera” nunca va a entender que todo eso que se le dice sea posible ni real. Después, a medida que se lo va encontrando, va recordando  y arrepintiéndose de la oportunidad que despreció.

Esto no quiere decir, de ninguna manera, que haya que dejarlos que se rompan la cabeza contra el sinsentido y la estupidez, porque eso resulta a la postre y, por eso nos hace sufrir tanto, pues nos damos cuenta, cuando ya no hay remedio, que es el mejor tiempo de la vida y lo desperdiciamos  de la manera más estúpida. Tal vez, por eso, aquellos indígenas, a esa edad la llaman “La edad del burro” como aquí la llamamos “La Edad del pavo”, porque  de una u otra forma, así suele el ser humano tomarse la vida.

viernes, 26 de abril de 2013

LA IGLESIA DE FRANCISCO


            Algo nuevo se mueve, algo que invita a la esperanza;  hace mucho tiempo que estamos deseando ver un signo de que algo se mueve, de que “Esto” camina.  Puede ser que algo esté cambiando, se esté moviendo, pero no sé a qué niveles será, pues el pueblo sencillo y de a pie no lo ve ni lo percibe y siente que los pastores del rebaño  están  muy distantes, ellos van por otro camino, dicen cosas que nadie entiende ni  le interesa, pues no saben a quién van dirigidas.

            Hace mucho tiempo que el “rebaño” desconectó y siente que los pastores están en otra onda,  se siente solo: el pueblo sufre la explotación, se siente engañado, sufre la persecución, el atropello… da la sensación de que el lobo hubiera entrado en el corral y el pastor estuviera durmiendo en los laureles, sin enterarse del destrozo que está metiendo en el rebaño, mientras el pastor sigue entretenido con cuentos de hadas y preocupado por la ropa que va a llevar en la fiesta o las flores que va a comprar para adornar la celebración… mientras del redil hace ya mucho tiempo que desaparecieron los trabajadores y se instalaron en los partidos políticos porque no había respuesta a sus inquietudes y se fueron despotricando contra la iglesia que les dio cobijo; se fueron también los intelectuales que se revolvieron también furiosos contra ella porque los quiso callar con las leyes; desaparecieron los jóvenes tachándola de ancestral y anquilosada y los políticos la colocaron en el punto de mira; alguien se pregunta:¿qué pasará el día que digan las mujeres de irse? Porque los hombres hace también mucho tiempo que se fueron y n o quieren saber nada de ella.

            Pero es curioso: a Jesús se le quiere, se le considera un “bien universal” para toda la humanidad y a todo el sector comprometido con los pobres se le admira y se le respeta, pero la cúspide de la pirámide ni se la respeta, ni se la estima, ni se la escucha, se la detesta y hasta muchos sectores la odian a muerte.

            ¿Qué ha pasado para que el rebaño haya distinguido tajantemente entre la imagen de Cristo y la de sus pastores, hasta el punto que diga que cree en Cristo, pero no en la iglesia? ¿Qué ha ocurrido para que se adopte la imagen de los príncipes de la tierra y haya desaparecido la imagen de Jesús “servidor” cuando Él dejó expresamente dicho: “Vosotros no podéis ser así”?

            Llevamos mucho ansiando que nuestra iglesia sea un reflejo de Jesús y no del poder de la tierra y, también estamos viviendo con tristeza el hecho de que, cuando alguien intenta tomarse en serio el evangelio, se le tacha de revolucionario, de desestabilizador, de visionario…

            Ya llevamos  unas semanas y lo estamos viendo cómo se desenvuelve, no puedo evitar el confesar mis sentimientos: En ningún momento lo he visto ni encumbrado ni agobiado, tengo la sensación de que algo  muy importante lo tiene muy claro y fue lo único que Jesús le pidió a Pedro: ¿“Me amas?” y Francisco parece tener esto muy claro y, ¡¡Eso es fundamental!!

            Como mucha gente, yo también voy siguiendo los pasos del Papa Francisco, he escuchado ya de todo: desde los que lo tachan de imprudente y de esnobismo, hasta los que se alegran, como yo, de ver que algo empieza a moverse.

            Me alegra que haya cogido a S. Francisco de Asís como referente, hasta lo veo como una linda inspiración del Espíritu Santo, pues hay muchas cosas que tienen su punto de convergencia:

            Si comparamos los momentos históricos, hay muchas cosas que vienen a ser como un calco:

                        -En el s. XII-XIII, el momento en que vive Francisco de Asís no es tampoco un modelo de referencia evangélica el que vive la iglesia: el pueblo vive en la miseria, mientras que la nobleza y el clero viven en el máximo esplendor y el mismo Papa Inocencio III tiene aspiraciones imperiales de poder absoluto en el mundo, en nombre de Cristo.

             “Francesco”, siendo joven se da cuenta que el camino que lleva no le conduce a ningún sitio, pues no se puede vivir de espaldas a la realidad y al pueblo en el que vive.

En un momento en que cae enfermo  se enfrenta a sí mismo, después es cogido preso  y estando en la cárcel siente que Dios le pide que cambie su vida y le ayude a “Construir la iglesia”. Sale de la cárcel dispuesto a reorientar su vida y el primer obstáculo lo encuentra en su misma familia; comenzó reconstruyendo algunas ermitas que se encontraban en ruinas pero pronto se dio cuenta que no era esa la iglesia que le pedía Dios, sino la de “piedras vivas”

            Se trata  de seguir el camino que Cristo le ha marcado y está dispuesto a seguirlo hasta las últimas consecuencias. Francesco emprende un proyecto de vida que se va a convertir  en el anti signo de la iglesia del momento: una iglesia enfrascada en establecer el evangelio como poder imperial. Francesco, en cambio,  pone el evangelio, salido de Jesús, como la única forma, no de poder, sino de transformación del mundo, a través del Reino de Dios. Y pone su fuerza justamente en la pobreza y en el desprendimiento total y radical, junto con la sencillez y el acercamiento al pueblo que sufre en la calle y en los suburbios, donde muere de hambre, mientras los grandes derrochan y banquetean.

            Sin cortar con Roma, Francisco inició una profunda reforma, dedicándose a reconstruir la iglesia desde los cimientos, sacando todo lo mejor que tiene el ser humano.

            El movimiento que emprendió Francisco, fue de tal calado, que en el año 1210, el Papa Inocencio III reconoció su camino y aprobó el movimiento que había iniciado.

            El momento actual, que es un verdadero cambio de época, donde se han roto muchas fronteras, donde las noticias se viven en todo el mundo en tiempo real, donde se ha globalizado todo, menos el BIEN, donde hay instrumentos para poder globalizarlo todo y de hecho se están usando para destruir la humanidad, pues se esconde y se obstaculiza el BIEN, una época en la que el mundo se percibe con otras categorías…

            Es un momento en el que se escucha un gemido, que en muchos sitios llega a ser un grito desesperado, que está pidiendo un cambio radical en todos los niveles y, lógicamente, en la cabeza de la iglesia, porque los pies van en muchos momentos y lugares en otra dirección: no puede estar la cabeza preocupada del peinado que se hace, o del sombrero que va a lucir, mientras los pies aguantan  el peso y caminan descalzos.

            JORGE BERGOGLIO, en este siglo XXI, en un mundo en cambio profundo, escucha la voz de Jesús que de nuevo le dice: “Necesito un nuevo Francisco que rejuvenezca mi iglesia” y ha ido a buscarlo en “el fin del mundo”; pero Jorge  ha tenido el coraje de decir SÍ y ha sido lindo que mire a Francesco: sencillo, sonriente, afable, cercano, descomplicado… y ha comenzado diciendo que él quiere la iglesia que quiso Cristo: una iglesia pobre que esté al lado de los pobres y, viene repitiendo que no se trata de representar un papel aparentando se pobres, sino serlo de verdad y estar al lado de los pobres, a quienes hace protagonistas de su liberación realizando la justicia social.

            Pero lo que más nos agrada a todos es que estamos viendo que no se trata de esnobismo lo que hace –como decíamos al principio-  sino que le nace como algo natural y está prescindiendo,  sin darle la menor importancia, de detalles que lo alejaban del pueblo: comenzó saludando a la gente como lo hace todo el mundo: nos llamó “hermanos” y no “Hijos” y pidió al pueblo que lo bendijeran a él, que es tanto como pedirle al rebaño que no lo dejen solo y le pidan al Padre Dios que le ayude a dirigir las cosas por el camino recto; y fue capaz de poner a rezar a todo el mundo la oración del Padre nuestro… ¡Ya era hora de escuchar a un Papa como a un amigo cercano que es capaz, incluso, de bromear con los cardenales diciendo que  “Dios les perdone por lo que han hecho…”!  No se puede pensar en una forma más franciscana de empezar un camino ni un proyecto.

Empezó renunciando a ponerse unos zapatos especiales que nadie sabíamos cómo estaban hechos  hasta que él dijo que no se ponía eso, pues han de valer un dineral;  y el famoso anillo de oro del Papa que todo el mundo saca a relucir, ¡qué alegría que no lo haya querido así! Y haya aceptado uno sencillo de menos valor que cualquiera de los que se pone cualquier ciudadano. Tampoco ha querido otro pectoral que aquel de metal que les regaló Juan Pablo II en el sínodo de los obispos, ni el sillón de la sala de encuentros. De la misma manera ha preferido vivir en la residencia Sta. Marta, donde viven los curas de Roma, y donde él vivió cuando iba a Roma.

            Y lo estamos viendo cómo rompe el protocolo que hay establecido y se baja del “papamóvil” para firmar en la escayola de una niña que tiene rota la pierna, o se arrodilla para lavar los pies  de dos chicas en una cárcel de menores… y le dice a los sacerdotes que se salgan del templo y vayan al barrio a hablar con la gente, que deben oler a “ovejas” y no a otra cosa, que no deben ser funcionarios, sino pastores  y les dice a los cardenales que los quiere intachables…

            Todo esto lo estamos viendo a diario, pero cuando ahora los medios de comunicación, que andan buscando dónde podrán encontrarle algún fallo, nos lo van presentando y  nos vamos encontrando que en su vida ha venido haciendo así, nos llena de alegría ver que no se trata de algo que se le ha ocurrido ahora para llenar las páginas de los diarios.

            Ya sé que suena a tontería el detenerse en estos detalles, pero es que, precisamente, estas  tonterías son las primeras que  se interponen entre el pastor y su pueblo, y cuando una tontería  se pone como obstáculo, lo importante ya no se puede ni soñar. Por tanto,  no considero  irrelevantes estos detalles,  que en muchos momentos hacen que las puertas hacia el encuentro  se  mantengan cerradas, algo así como si los sensores de las  puertas de un edificio se ensucian  con el polvo y se impide el desarrollo normal con algo tan simple.

            No son discursos bonitos y profundos lo que está dando, que ya son interesantes, sino gestos de sencillez y de cercanía que le nacen de lo más profundo de su ser y que nos hacen pensar que era también lo que él estaba pidiendo a la cabeza desde hace mucho tiempo.

Son momentos difíciles por los que atraviesa la iglesia y creo que es  justamente esta situación dura, la ideal para que se despoje de todo lo que le afea y la hace asociarse a lo que Jesús nunca deseó.

            Soy consciente que no es nada fácil lo que estoy diciendo, ya lo sé,  y hay que tener  los cimientos bien anclados para arremeter contra todo lo que se ha ido adhiriendo a través de los siglos, hasta manchar el rostro de la iglesia, pero cuando nos pidió que lo bendijéramos,  siento que nos estaba diciendo que esto es tarea de todos y, aquel Padre nuestro que rezamos juntos toda la cristiandad, lo sentí como un compromiso de hacer una piña con él: no solo se trata de rezar por Francisco para que el Espíritu del Señor lo mantenga fuerte y lúcido, sino que en momentos de tormenta, él no pierda el timón y ninguno  de nosotros perdamos los remos, la fe, la ilusión, ni el coraje para remar en la misma dirección.

            Este modo de ser y de hacer está cautivando al mundo entero; en tan poco tiempo como lleva da la sensación que ha corrido más que en medio siglo de papado; yo siento que, después de Medellín, que fue la 1ª página que se abrió en serio del Concilio Vat. II, por fin, a los 50 años, comienza a abrirse otra página que todos estamos ansiando y que debemos escribir todos juntos. 

            Hay varios momentos duros que  espero no le tiemble el pulso y mantenga la dirección que ha cogido: cuando se tenga que enfrentar a una curia que, ciertamente, está marcada con otros signos y a la banca vaticana; no sé hasta qué punto van a ser capaces de aguantar el aire fresco de Francisco ni la coraza de Francisco aguantará los “virus” del resfriado